Hoy publicamos En Polissó. Por lo cual llevo una semana paseando por Barcelona en busca de librerías a las que llevarlo. Y durante este paseo, que por cierto no ha terminado todavía, me he reencontrado con una sensación de hace años. Cuando entras en una librería y la puerta se cierra detrás tuyo, se hace una especie de vacío. Un vacío que hace que se frenen las agujas del reloj. No completamente, pero sí notablemente. Y incluso cuando hay gente, y hacen ruido, es un tipo de griterío diferente, un griterío más amable, susurrado. Pero si entras como una exhalación buscando una cosa que ya tenías pensada de antemano, la pides, pagas y te vas, no te das cuenta. Y la mayoría de las veces no hago ni eso, compro el libro online y hasta me ahorro un par de céntimos. Y luego, para estar al día de lo que sale y lo que no, lo que se publica y lo que no, venga a comprar periódicos el día que traen el suplemento de cultura y revistas y lo que se me ocurra. Quizá sería más fácil, y más efectivo, pasar un rato a la semana en alguna librería, sin buscar nada en concreto. En algunas, mientras el librero o la librera atendía a sus clientes, he tenido que esperar un rato. Suficiente como para que se me pasara el sofoco debido al cambio de temperatura, como para dejar la mochila llena de libros en una esquina y echar una ojeada a lo que tenían. Y aunque de entrada mis ojos se van hacia los libros que ya conozco: el último Murakami o alguno de los de Hervé Tullet, lo más bonito es echar un vistazo a todo lo que no te suena, a lo que está un poco más escondido. Ojalá me hubiera llevado una libreta. Así lo haré la próxima vez, así podré contaros lo que he encontrado. Pero por ahora os dejaré con tres de las librerías que he visitado, y que recomiendo que visitéis vosotros también:

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La memòria

Plaça de la Vila, 19 (Gràcia).

Si no recuerdo mal, entras y bajas unos escalones. El silencio es total, el contraste con el movimiento general de la plaza. Te hace hablar casi en susurros. Como si quisieran recrear la sensación que les da nombre. No se me habría ocurrido entrar en una librería especializada en nada en particular antes de hoy, un error. Entrad.

Casa Anita

Carrer Vic, 14 (Gràcia).

Cuando entro hay una mujer en la sala trasera de la librería. Está sentada hojeando un montoncito de libros previamente seleccionados. Después de un buen rato, una media hora diría, irá a decirle a la librera los que más le han gustado. Y hablarán de para quién son y cuantos años tiene cada niño. Y de que quizá el de la ballena le parecerá para niños pequeños a la de tres años y de como la de un año solo coge las cosas y las tira al suelo. Elegirá uno y lo comprará, mientras otro cliente compra un libro por si acaso, a ver si era el que quería su hija. Una tercera clienta entrará un rato más tarde diciendo que tiene un niño de 9 y una de 12, y el proceso de selección previa empieza de nuevo.

No llegiu

Carrer Amistat, 20 (Poblenou)
A punto de llegar veo a alguien colocando una pizarra en la puerta. Tiene escrita una frase de Foster Wallace y debajo anuncia la presentación de un librito del autor de Editorial Periscopi esa misma tarde. Dentro la sensación del tiempo frenado se nota menos que en otras. Quizá porque se encuentra en una calle que ya de entrada parece tener sus propios poderes de ralentización. Pero muy a mi pesar, tenía prisa y una vez terminada la conversación con el librero, no tuve tiempo de quedarme a echar una ojeada.  Tendré que volver.